sábado, 31 de diciembre de 2011

#36 Suma y sigue

Creo que es la primera vez que pongo el título a una entrada antes de escribirla. No pensaba escribir ninguna entrada dedicada a fin de año, o a hacer un balance sobre todo este año, porque a diferencia del anterior, este año algunos de vosotros habéis podido vivir conmigo algunas de las grandes experiencias que han inundado 2011. Pero me resulta simpático, por así decirlo, la cantidad de personas que en estos últimos días del año empiezan ¡ahora! a hacer balance de todo lo que les ha pasado, lamentándose por cosas que no han hecho o que no les ha gustado como han ido, y alegrándose por otras que les han llenado de felicidad.

Es bonito hacer balance, y proponerte cosas para el año siguiente, pero todos sabemos que la mayoría de ellas se quedan en el camino, y que aunque no hagas balance, cuando pase el tiempo, serás realmente consciente de todo lo que has aprendido.

Es complicado ver con claridad lo que te ha aportada un sólo año de tu vida, pues no solemos ser muy objetivos y no nos damos cuenta de que todo, sea bueno o malo, es una enseñanza que nos da la vida, y que nosotros debemos interpretar de la mejor forma que podamos, intentando sacar siempre el lado útil, o positivo de aquello que nos haya acontecido.

Para mí, personalmente, ha sido un año justamente de eso: de aprender. He aprendido mucho, y poco a poco me doy cuenta de que aprendo a apreciar mejor los platos amargos y dulces que me sirve cada nuevo día.

Que la gente haga balance me parece una muy buena idea para ordenar vivencias, para recordar, para compartir con otras personas sobre el cómo has crecido o no durante unos 365 días. Pero yo, desde aquí, te pido a ti, si justo a ti, que hoy, esta noche, celebres con los que más quieras que has vivido un año. Tan sencillo como eso. Has superado otros 365 de un año de tu vida. ¡Estás aquí! ¡Vivo!

Esta noche brinda, no por lo que vas a hacer en este nuevo año, sino porque has hecho muchas cosas en el anterior, porque has sonreído, has llorado, te has caído, te has levantado, has gritado, corrido, te has lamentado, has perdonado, has podido cantar y bailar a tu manera, posiblemente has conocido a muchas personas interesantes, y otras se han ido y has sido capaz de aprender de lo que esas personas te dejaron, has escuchado, y tenido conversaciones divertidísimas e interesantes, has visto cosas que antes nunca viste, has estado vivo durante un año más... y quizás algunos ya no puedan decir lo mismo.

Por esas personas que ya no están, sonríe y brinda esta noche, porque ellas seguro te enseñaron algo muy valioso, como por ejemplo, a echar de menos y saber superar una pérdida.

Sé feliz de estar con amigos, con tu familia, con la persona que amas.
Celebrad no hoy, sino siempre, que podéis soñar...

Sed felices. 
En este año, y en todos los que vengan.
Suma y sigue.
No te pares.

lunes, 12 de diciembre de 2011

#35 Un camino recorrido. Gracias.

Hace justo un año, y más o menos por esta hora me decidí a escribir en este blog. Yo ya había tenido decenas de blogs o similares en los que he escrito desde los quince años, pero ninguno de ellos me duraba más de dos meses o tres.

Con el cambio que hubo en mi vida como fue la entrada en la Universidad y el inicio de una relación, que puedo confirmar a día de hoy, seria, me vi en cierta necesidad de plasmar en un blog aquellas vivencias y pensamientos conforme fueran pasando los días, y así controlar un poco mis días y tener organizado ciertos aspectos que a veces están totalmente desordenados en mi cabeza. Decidí crear este blog para mostrar mi descontento o agrado por ciertos temas, con la intención de mostrar mis inquietudes personales y aspectos del mundo desde mi perspectiva personal.

Ha pasado un año, y aunque es cierto que no he escrito con regularidad, si que lo he hecho al menos una vez al mes. Desde aquí intento excusarme ante mis amigos, que son los más asiduos lectores por insistirme en continuas ocasiones que retomara la escritura o comentase algo sobre cierto tema de interés. Si bien no lo he hecho ha sido, o bien por tiempo, por ganas o por no encontrar las palabras adecuadas. Pero en realidad, todo esto no son más que excusas para decir que tenía cierto miedo de que este blog durase lo mismo que el resto, y no quería escribir mucho ante la posibilidad de hacerme perder a mí misma o a otra persona tiempo e interés.

Pero lo cierto es que hemos superado un año. Ha sido un año interesante, en el que debo confesar que he escrito más entradas en mi mente que aquí mismo, pero debo decir, que poco a poco me siento cada vez más cómoda frente a un teclado escribiendo para, muchas veces, gente sin nombre.

Quiero dar desde aquí las gracias de todo corazón a todas esas personas que me han mostrado en persona, por comentarios o por otro medio su apoyo y su admiración. Os estoy agradecida a todos, porque me han ayudado a seguir escribiendo. Debo decir que agradezco las muestras de apoyo en persona, pero el hecho de tomarse un par de minutos en escribir algún comentario aquí en el blog es algo que, creo, todos los "bloggeros" (¡ya puedo llamarme así!) valoramos muchísimo. Es importante, porque a veces creemos que nadie nos lee, que no resultamos interesantes, y por tanto, perdemos las ganas de escribir cualquier entrada. La retroalimentación es necesaria para todos nosotros, y mucho más en un proceso comunicativo como el que yo intento establecer con mis lectores, en el que no sólo espero que me lean, sino también leerles yo a ellos. Sus ideas me ayudan y en muchos casos me resultan muy constructivas, animándome a mejorar mi escritura o haciéndome ver las cosas desde otro prisma.

Así pues, felicidades a ti por leerme, felicidades a la comunidad Blogger porque definitivamente me tiene entre sus miembros fijos, felicidades a ti Marta (¡sí, a mi!), porque has logrado mantener un blog durante un año, y gracias a todas las personas que me inspiran cada día para escribir, la mayoría de ellas, personas anónimas que quizás jamás vuelva a ver, y otras, gratamente conocidas.

¡Felicidades a todos por acompañarme en este Camino al delirio!

domingo, 11 de diciembre de 2011

#34 'Valentía' es nombre de mujer

Der Kuss (Gustav Klimt, 1907/8)
Muchas religiones nos relegan a un segundo o tercer plano, la historia ha sido contada por hombres y por tanto, hemos aprendido que la han construido los hombres. Se nos han encargado sin embargo tareas muy duras, y casi siempre desde un papel pasivo centradas en el cuidado de los niños y el hogar, postradas en un rincón al servicio de los hombres, estando bellas y hermosas y siempre dispuestas a los deseos de los varones y de lo que la sociedad esperaba de nosotras. Ha habido y hay movimientos feministas que reivindican un derecho igual e incluso superior al de los hombres. Yo personalmente no estoy de acuerdo con esta postura, no considero que ninguno de los sexos se merezca mayores derechos en cualquier ámbito que el otro, yo apoyo la igualdad. Una igualdad que en siglo XXI aunque mucho mayor que la de hace a penas veinte o treinta años ni existía, aún así sigue siendo insuficiente. Se tiene la creencia de que esta igualdad es mucho mayor de lo que realmente es, pero esa creencia la tienen sobretodo los hombres, como es lógico. Nosotras vivimos al otro lado, y ya sea por experiencia propia o por la de amigas, familiares o compañeras sabemos que aún nos queda mucho por lo que luchar.

Y la lucha es algo contra lo que precisamente tenemos que luchar. La lucha física, bruta, animal, irracional, cruel, dolorosa, hiriente, sangrienta, psicológica, profunda, dañina, y en muchos casos mortal.
Intento buscar más adjetivos y términos para describir la dura realidad que viven tantas decenas de mujeres ahora mismo, mientras tranquilamente estás leyendo esta entrada. Mujeres a las que les cuesta repirar, por miedo  a hacerlo demasiado fuerte y despertar a aquel que creían su príncipe azul pero que se convirtió en dragón escupefuego. Que cada día se despiertan con un mismo Sol cruel que les quema la piel mostrando las heridas y moratones, que hace temblar sus articulaciones como si se fueran a romper, y que sólo alimentan la esperanza de que la muerte llegue cuanto antes posible para poder descansar. Almas perdidas que temen más por la vida de sus hijos, que por la suya propia, que no encuentran consuelo en familiares que le instan a que denuncien al amor de su vida, que no entienden que lo ama. Porque lo aman, o al menos, aman el recuerdo de ese hombre del que se enamoraron.  Mujeres que a ojos de vecinos son amadas, pero que son maltratadas en el hogar. Princesas de un cuadro de Klimt que el pueblo cree amadas cuando se sienten mutiladas.

Realmente, me siento muy torpe al intentar describir una realidad que yo no he experimentado ni espero experimentar en mi vida. Me siento realmente culpable por no poder expresar con unas palabras tranquilas lo que ellas pueden sentir, porque simplemente, no se puede, creo, describir. Creo que es un dolor emocional y físico tan intenso que hace enmudecer y que sólo intenta buscar un lugar tranquilo donde calmarse y sanar.

El Viernes pasado me paso algo que ni ahora mismo logro entender, o al menos es complicado que alguien ajeno a mí misma entienda.
Durante una extraña mañana de clases en la que la Facultad estaba casi vacía, durante la hora de la clase de Psicología de la Personalidad llegamos al tema que trata sobre la Violencia de Género, peor antes de abordar los conceptos teóricos y académicos la profesora decidió que entrásemos por una puerta mucho más cercana, más sensorial y emocional, con el visionado de una película española, "Solo Mía", la primera película que trata sobre el maltrato hacia la mujer. Nadie tenía muchas expectativas sobre esa clase, incluida yo. Pero no sabía lo equivocada que estaba hasta unas horas después.

La película mostraba a una pareja normal, con un hombre cariñoso y buen trabajo y una mujer inteligente y con personalidad que se amaban con devoción. Pero conforme pasaban los minutos de película y los días en su imaginaria realidad la conducta del hombre se volvía paranoica, obsesiva, brutal. Hasta hoy, sólo hemos podido visionar los primeros cincuenta minutos de la cinta, pero en esa pequeña, primera y creo, menos brutal muestra, impactó sobre mi mente de una forma que nunca imaginé. Las escenas de palizas totalmente realistas y una violación fueron tan impactantes que al salir del aula mi mente se llevó todas esas horribles sensaciones y se asentaron muy dentro de mí.

Me resultó complicado atender a la última clase, y ya en la calle andaba como un muerto viviente de camino a las paradas de autobús, de camino a mi casa. Estaba metida dentro de mí misma, reprochándome el hecho de no haber mostrado más interés antes a ese hecho que se anuncia casi diariamente en el telediario o en el periódico con cifras de muertes de mujeres asesinadas a manos de sus parejas sentimentales. Siempre me habían parecido noticias horribles y me enfurecía con el agresor, pero nunca me ponía en el lugar de la mujer, al menos no conscientemente. Siempre había tenido palabras y pensamientos horribles sobre el monstruo y algunos tristes sobre la víctima. Me odié a mi misma por no haber sido más observadora, más consciente, por simplemente, no haberme parado más tiempo a pensar en cómo podía yo ayudar a todas esas mujeres que se encuentren en situación de maltrato.

Llegué a casa, y a penas comí. Hablé con mi madre, e intentó animarme, decirme que no podía afectarme algo tanto estudiando lo que estaba estudiando y con perspectivas de un trabajo que me va a obligar a enfrentarme a situaciones muy difíciles. Pero ese día, me olvidé de todo y sin yo quererlo me sumí en una profunda tristeza y un odio y temor por todo el género masculino.

¿Conocen mis lectores esa genial iniciativa de Médicos Sin Fronteras que consiste en unas pastillas en contra del dolor ajeno? Pues bien. El Viernes pasado parecía que yo había ingerido grandes cantidades, no de un chicle de menta simbólico, sino de grandes dosis de maltrato.

Me apalanqué en la cama intentando desterrar ese temor de mi mente, ese dolor que yo no estaba sufriendo realmente pero que sentía en mi. Mi chico me llamó para salir, pero hasta de él, que siempre me había tratado y me trata tan bien, sentía miedo. Aun así, insistió en animarme y me recogió por la noche para ir a cenar con unos amigos. De camino al lugar de encuentro el coche se llenó de mis lágrimas y mis llantos. No podía para de explicarle a Él lo horrible que era esa situación para todas esas mujeres, de llorar y gritar que era una maldita injusticias, de martirizarme a mí misma por no haberles dedicado ni un sólo pensamiento antes. Tuve un ataque de pánico, o eso creo que fue, no lo se bien.

Fue algo parecido a cuando alguien presencia un horrible accidente, pero aunque a él o ella no le haya pasado nada no puede parar de gritar y gritar, a pesar de que todos los de su alrededor le aseguren que está bien, que no le ha pasado nada. Yo no podía parar de llorar y llorar y sentir el dolor imaginario de esas mujeres.

No se lo que esas mujeres sienten, y no quiero experimentarlo, pero el Viernes me conciencié de una manera tan profunda que a pesar de que ya, evidentemente, no siento ese pavor hacia los hombres, ni lloro desconsolada, en mi mente esas mujeres tendrán un lugar privilegiado de cariño y comprensión.

Intentaré suplir estos años de ignorancia hacia ellas con mayor interés, intentando hacer algo si está en mi mano. Intento ahora, desde aquí a animaros a estar atentos a cualquier señal de maltrato a vuestro alrededor, de dar fuerza a esas mujeres, que deben volver a creer que son valientes y capaces de todo. Intento desde aquí dar mi aliento a todas vosotras, como yo, mujeres.

#33 Psicólogos y extraterrestres

Realmente hay gente que la parte de sí mismo que se encarga de conocer que actos pueden dañar a los demás y qué actos no está total e irremediablemente atrofiada. Todos conocemos a alguien que cumple un patrón como el siguiente, a saber: se presenta siempre feliz y contento ante todos y todas, ridiculiza y subestima cualquier problema que no les afecte a ellos directamente, engrandece sus cualidades, tanto las buenas como las malas, y sus problemas, le gustan los secretos, pero no el hecho de que sean confidenciales, compiten por todo y por todos (si, por esto me refiero a personas), son incapaces de encontrar pareja o si la encuentran rápidamente se cansan de ella, aunque siempre están preguntándose por qué están solos, su apariencia es muy similar a la de la gran mayoría de la población pero aseguran firmemente que son originales y únicos, que sus ideas y pensamientos son revolucionarias en su edad o en su género, y aunque intenten mostrar sentimientos de compasión y empatía, no los ponen en práctica en eventos y reuniones sociales o situaciones personales íntimas.

Este tipo de personas son las que yo, personalmente, no soporto.
Hay más tipos, o quizás sólo sea uno pero se me han olvidado añadir ciertos aspectos de esos sujetos, no lo se.

Hace unos días, en una red social que frecuento bastante, Twitter, escribí una frase como tantas otras con el mero objetivo de desahogarme y mostrar mi desagrado al viento, sin nombrar a nadie, simplemente una frase sin destinatario. Decía algo así como que hay personas que por mucho que se esfuercen nunca me caerán bien.
Esto, tiene sentido. La personalidad de alguien es algo que aunque cambia transituacionalmente es constante o prácticamente inmutable en el tiempo. Es cierto que no somos los mismos cuando nacemos a cuando somos adolescentes o adultos, pero hay una base que es inmutable. Es más, hay una parte de nuestra personalidad, de esa importante parte de lo que somos que tiene una base biológica y hereditaria, y que aunque con esfuerzo puede ser modificada, sólo se realiza un cambio cuando la persona en cuestión la encuentra desadaptativa, pues requiere gran fuerza de voluntad, compromiso y tiempo, y por todo esto, altas dosis de motivación intrínseca.

Es por eso, que cuando digo que por mucho que se esfuercen, y con esto me refiero, superficialmente, hay personas que nunca congeniarán conmigo.

Pero hoy, una persona se pronunció ante mi comentario que sólo debía escuchar el viento y se refirió a mi con cierta pena, aludiendo a que yo, como Estudiante de Psicología, era un poco triste que presentase ese sentimiento.

Realmente, me molestó esa observación. Por varios motivos que espero se entiendan a continuación.

En primer lugar es cierto, soy Estudiante de Psicología, pero antes de serlo, era, soy y seré persona, una persona humana que sufre, que siente, que ríe y que llora, que come, bebe, camina, se enamora, y se enfurece. No soy extraterrestre. Soy humana. Como cualquier otra persona de este mundo. No un Médico, por ser Médico no puede ponerse enfermo y mostrar entonces síntomas de lo que él está intentando curar en sus pacientes. Es por eso, que esa observación me parece totalmente absurda.
La gente trata a los Psicólogos y estudiantes de Psicología como seres inmunes al enfado, a enfermedades y desórdenes mentales, quieren vernos como personas estables emocional y socialmente. Y no señores, ante todo somos personas, y tenemos problemas como todos los humanos. Yo misma he considerado muchas veces que necesito a un compañero de mi especialidad, pero él necesitaría otro, y así sucesivamente...
Si yo me estoy formando, es cierto que es para entenderos mejor a todos vosotros y a mí misma, pero por ese mismo hecho, debo aceptarme como soy e intentar cambiar en mí aquellas conductas que no me ayuden, tal y cómo hago o haré en un futuro con aquel que requiera mi ayuda profesional. Estudiamos para entender y ayudar a la gente, no para que nos caiga bien todo el mundo.

Los Psicológos no vamos por la calle psicoanalizando a la gente (más que nada porque el Psicoanálisis es una disciplina no-académica en Europa), ni diagnosticando síndromes, ni queremos que mientras estamos tomando una copa nos contéis vuestros sueños para saber que opinamos, y que por muchos problemas que tengas, yo seguro también los tendré, y si quieres que te atienda, o te ves en la necesidad de hacerlo, hay profesionales que ya han finalizado la carrera.

A veces, es agobiante... la presión que ejerce la sociedad sobre qué tipo de materias de conocimiento. No veo que la gente haga lo mismo con abogados o ingenieros, pero lo cierto es que en esta sociedad europea somos igualmente admirados con curiosidad y odiados con temor.

En segundo lugar, como he dicho, la personalidad es algo que es difícil de cambiar y al igual que nadie se lleva bien con todo el mundo, nosotros tampoco. Existen normas sociales, y además, yo personalmente admiro la lealtad, la sinceridad y el saber estar en un lugar. Si alguien quebranta esas tres o más normas sociales resulta muy difícil, sino imposible, que se gane mi afecto y mi confianza. Como ven mis lectores, no soy extraña a nadie, mi código de valores es el mismo al de todos ustedes. Yo sólo puedo cambiar, en un caso hipotético, ese código en el ámbito profesional, donde esa persona que requiera mis servicios no mantendrá ningún tipo de relación personal conmigo, y por tanto, podré mostrarme ante ella tal y cómo exijan las circunstancias.

En tercer, y para mi, más importante lugar, la gente habla mucho desde la ignorancia, sin conocer, asumiendo que lo que creen o piensan es lo que realmente es, cuando puede resultar ser todo lo contrario. La ignorancia es otro punto que, cuando es de forma involuntaria perdono y ayudo si así lo desea la otra persona, a que se solvente, pero cuando es de forma voluntaria, me resulta muy desagradable. Yo soy ignorante en muchas cosas, pero nada más darme cuenta no paro de preguntar sobre el tema en cuestión, intentando ser un poco menos ignorante. No me cuesta reconocer que me he equivocado. Tengo muchos defectos, pero ese no es uno, cuando me hacen totalmente consciente de que no estoy en lo correcto.

Esta entrada es un poco la muestra de mi indignación al trato que recibimos a veces los estudiantes de aquellas materias que tratan de entender al ser humano y de ayudarlo. Todos nosotros estamos inmersos en ese proceso de entendimiento. No estudiamos a los humanos de forma externa, sino empezando por nosotros mismos. Y es complicado hacer ver al resto de la sociedad la ardua tarea que es esa.

Con esta entrada pido un poco más de respeto y un poco (o un mucho) menos de ignorancia.

sábado, 10 de diciembre de 2011

#32 I'm haunted by humans

El día se ha despertado gris, el Sol ha decidido darme una tregua de esta semana y no quiere ni que me preocupe por si sus rayos puedan calentar demasiado mi piel. Pero claro, hace frío... mucho frío... y mi imagen en pijama, metida en una bata calentita, con calcetines y zapatillas y frente al portátil escribiendo por la mañana temprano también es acorde a esta estampa gris.

Ha sido una semana intensa, una semana en la que la ventana tras la cuál me gusta observar a esos extraños humanos se rompió y me dejó inmune a una gran cantidad de emociones y sensaciones que difícilmente lograré plasmar en palabras en este frío formato digital.

Pero si aún así quieres intentar entender lo que he vivido esta semana, aquí tienes, historias reales, sencillas y cercanas, muestras de la vida...

De jefes y lágrimas hechas hijos...
El comienzo de esta semana extraña de fiestas intermitentes fue curioso. Una compañera de clase tuvimos que ir a una sucursal bancaria (cuyo nombre no diré) para hacer un trabajo en el contexto de las clases de Psicología de las Organizaciones, y tras ponernos en contacto con la directora de dicha sucursal (una chica gaditana, muy guapa y muy simpática, que ha pasado más tiempo de su vida en Londres que en España y a la que nunca se le cae la sonrisa en unos labios cuidadosamente encarmintados) acudimos por la mañana del Lunes. Al entrar en la sucursal, que era pequeñita, pregunté a una chica que no hacía más que correr donde podíamos encontrar a su superior, pero ella sólo asentía, como si supiera todo lo que íbamos a decir. Tras esto, la directora salió de su despacho, nos cogió del brazo a mi compañera y a mi y haciendo una señal a la chica que sólo asentía nos llevaron a la calle y empezaron a hacer preguntas. ¡Esto era de locos! ¡Las que teníamos que hacer preguntas éramos nosotras!

Llegamos a un café y, así tal cual, como si nos conociéramos de toda la vida, nos invitaron a desayunar mientras nos contaban experiencias de su vida, criticaban sus puestos de trabajo, reían entre ellas y se hacían bromas. Y fumaban. Fumaban mucho.

Estas dos mujeres, de 33 y 37 años eran puro nervios hechos feminidad y energía. Sonrisas y palabras aceleradas que caminaban y saludaban a todos los que se cruzaban por la calle.

Tras esto, entramos en el despacho de una de ellas para hacerle una entrevista, y mientras describía a sus jefes como "fríos y sin escrúpulos", se sentía desalentada y triste con un trabajo que le exigía no tener pareja ni hijos, que la mantenía presa del capricho de personas que había perdido gran parte de su humanidad... pero siempre sonreía. Durante las dos horas que estuvimos con ella siempre nos trató con cariño y se mostró servicial.

Cuando acabamos de hablar con ella, nos sentamos frente a la otra chica, que encontraba más dificultades a la hora de rellenar una serie de cuestionarios que le habíamos pedido que completase. Agobiada, tras terminar de completarlos, nos contó con una voz débil y entre susurros ahogada en lágrimas que no podían salir en su lugar de trabajo lo mucho que echaba de menos a sus hijos, a los que si veía, ya estaban dormidos. Lo mucho que le apenaba estar perdiéndose experiencias importantes de sus hijos, de no ser una madre como otra cualquiera. Tras acabar se levantó y nos dio un fuerte abrazo, como queriéndose  venir con nosotras, como dejándose parte de su tristeza en nuestro pecho... y lo consiguió un poco.

Nos despedimos de ambas, pero al salir, mi compañera y yo hablábamos y callábamos a intervalos muy irregulares en los que se unían nuestras grandes ganas de intentar ayudar a personas como esas dos maravillosas mujeres que muy amablemente nos atendieron para que nosotras pudiéramos conseguir unos míseros puntos con un trabajo que no iba a reflejar verdaderamente todo lo que esas personas sentían y pensaban.

Mientras paseábamos por un parque de vuelta a casa, con las carpetas llenas de sus testimonios y tests cumplimentados en nuestros corazones y en nuestra mente se quedaban todas esas cosas que ni podemos ni debemos contar, pero que nos han ayudado a abrir los ojos un poquito más.

Aunque el lector no lo crea, una sucursal bancaria como a la que fuimos es un ejemplo cualquiera como podría serlo una frutería, un estanco, una floristería o una empresa automovilística. Aunque el lector no se de cuenta, de tras de esos nombres de empresas hay miles de personas que están obligadas a sonreír y a contener las lágrimas aunque no quieran. A todas esas personas, les abro mis brazos para que reciben desde mis simples letras todo el ánimo y el apoyo.

De cómo cambiarlo todo con 50 años...
Durante ese mismo Lunes, pero ya por la tarde, me tocó ir a trabajar, y no os lo he dicho, pero ahora tenemos uniformes. Unos uniformes horrorosos color amarillo chillón, pero que por lo menos son calentitos.
Claro que ese día no acudió mucha gente, hacía mucho frío y el día siguiente era fiesta así que bueno, entre corrillos de compañeros que ya nos conocíamos desde hacía tiempo y otros que veíamos por primera vez descubrí a una señora de 55 años que tras haber sido engañada por su marido seis años atrás, se había formado para ser Auxiliar de Enfermería, se había comprado un coche, había perdido peso y ahora se presentaba a las elecciones del sindicato de trabajadores para la empresa a la que trabajábamos. Pero eso no queda ahí, porque un año antes del actual le había diagnosticado cáncer de útero y la operaron de Urgencia. Y esa señora estaba ahí, frente a ti, orgullosa de sí misma, sonriendo pero con los ojos húmedos contándonos que tenían un amigo al que conoció en las repetidas veces que asistió y asiste al teatro y lo bien que se siente con él ahora.

Mi error ha sido quizás deciros de antemano la edad que tenía y tiene esta señora, pues si no os hubiese dicho nada referente a su edad ni al horrible y deshonesto episodio que protagonizó su marido marchándose con la encargada de un prostíbulo, quizás habríais pensado que esta historia podía tratarse de cualquier chica joven de no más de veinticinco años. Pero no, esta agradable mujer, que me abrazó cuando acabó nuestra jornada y me deseó lo mejor del mundo, afirmando cosas de mí que era imposible que supiera pero que acertó de lleno, ha pasado ya la mitad de su vida, y justo en el Ecuador vio como el amor de su vida, del que ella siempre ha afirmado que estaba perdidamente enamorada, la abandonó. Pero la tristeza no le duró mucho. Es una mujer realista y en el intervalo desde que se produjo el abandono hasta que fue consciente de que el mundo no se acababa en nadie, sólo pasaron siete días.

Realmente a mi me sorprende la personalidad optimista y realista de esta señora, que no se detuvo, y que se desarrolló como persona como no lo había hecho en toda su vida. A mi me sorprende que esa mujer, habiendo pasado tanto, parezca tan feliz y compuesta, mucho más que cualquiera de nosotros, más jóvenes y quizás con menos experiencias de este calibre. Realmente, admiro con profunda devoción a esta señora, y deseo que muchas mujeres, incluida yo misma, sigamos su ejemplo.

De un autobús de salón...
También durante ese mismo Lunes, pero ya por la noche, y cansada de ese largo día cogí varios autobuses para llegar a casa. En la calle no había nadie, y cerca del Parlamento de Andalucía tuve que bajarme del primer autobús para coger el segundo que, ya sí, me llevaría definitivamente a mi casa.

Este segundo autobús tardó bastante en llegar, tanto que dudé de si no habían cortado ya la línea.
Me acompañaban dos chicos en la parada y el gélido frío de las noches que avisan a los viandantes de que el Invierno está cerca y que deben estar metiditos en casa, entre mantas y con un café o un chocolate bien caliente viendo películas antiguas. Pero yo estaba en la calle, y con esos dos chicos pasé minutos que se hacían eternos por mi cansancio. Pero por fin llegó nuestro autobús y subimos a él. Como era de esperar, no había mucha gente, y todos pudimos encontrar sitio. Uno de los chicos que antes mencioné se sentó junto a mi y cuando el vehículo sólo llevaba cinco minutos en marcha, otro de los pasajeros le preguntó a mi compañero de asiento:

- Oye, chico ¿Tú de dónde eres?

¡Ah! Es verdad, no lo había dicho. Los dos chicos que llevo mencionando todo el rato eran inmigrantes, uno no tenía muy acentuado el color de su piel, pero mi compañero si, el cual o no entendió la pregunta o se sintió sorprendido por ésta, así que dijo:

- ¿Perdona?
- Qué dónde naciste, chico.

Intentó responder, pero la verdad es que ni el interlocutor ni yo le entendimos, pero si lo hizo un par de señoras que lo oyeron perfectamente:

-De Jamaica, dice que es de Jamaica, la tierra de Bob Marley.

Y justo a partir de ahí, el frío autobús casi vacío se transformó en una salita con una mesa imaginaria, un cómodo sofá y unos cuantos amigos improvisados que se preguntaban cosas entre sí, acerca de los orígenes de cada uno, del idioma y de la facilidad para aprender éste.

Mi compañero dijo que era, ciertamente, de Jamaica, pero que había vivido casi toda su vida en una zona de África que no recuerdo bien, que hablaba mejor francés y que del español sólo entendía las palabras más comunes. Se llamaba Stephan, a lo que yo apunté que era de origen francés, y él sonrió.

Las paradas se iban acercando a nosotros, no nosotros a ellas, porque evidentemente, estábamos en nuestro particular saloncito en el que un grupo de personas desconocidas estábamos hablando como si nos conociéramos de toda la vida.

Fueron bajando (o saliendo del salón), algunos de estos amigos, y todos los que nos marchábamos nos despedimos con un "Adiós, buenas noches", y "suerte".

De percepciones desde una bici y besos...
Hace dos meses mis padres me regalaron una bicicleta. Nunca había tenido una, aunque si sabía montar.
Es una bicicleta muy sencilla, muy bonita, de esas de paseo, color negro, con su cestita y sus luces. Debo confesar que es mi nueva obsesión y mi actual vía de escape. A veces es cómo volar en ella y otras, pierdo el control total y tengo que parar. Es un poco, cómo es la vida.

Pues bien, el Martes pasado recorrí algunos kilómetros de mi ciudad en ella, pero para ir cogiendo contacto, me fui a uno de los parques más grandes que hay en mi ciudad. Estaba repleto de niños pequeños con sus padres, de parejas, de grupos de amigos, de abuelitos paseando. El parque estaba lleno de vida, de risas y de gritos, y el Sol lo teñía todo con una bonita luz de Invierno. Estuve como una hora dando vueltas por el parque procurando no chocar con otras bicicletas o chicos que patinaban, hasta que paré a descansar y a merendar.

Después de ese descanso decidí ir lejos, y tomé una ruta muy bonita por la orilla del río en el que mis oídos se encontraron con un verdadero regalo.
Estaba a mitad de camino de acabar mi ruta cuando una hija en patines le dijo a su madre, que iba en bicicleta:

- ¡Ja! ¡He ganado! ¡Así que me debes un beso como premio!

Tuve que sonreír con fuerza, aminorar la marcha y girar la cabeza para ver como esa madre risueña recompensaba a su hija con el premio que habían pactado si una de ellas ganaba la carrera.
Me maravilló la idea de que en este mundo tan materialista y superficial aún hubiera gente tan fantástica que considerase como mejor premio de todos un beso de alguien que quería. Y es que realmente, no hay mejor premio que un abrazo, un beso o un "te quiero" de esa persona que tanto quieres.

Continué animada mi camino, atravesé un puente a pie para volver, y con el Sol a mi espalda llegué a casa, orgullosa de mí misma por haber recorrido un camino tan largo en bici y orgullosa un poco más de la humanidad. De esa humanidad que aún queda en las personas.

De hermanos y padres...
No se si lo saben todos mis lectores, pero tengo un hermano seis años menor que yo, que está entrando en la adolescencia y que por tanto, tiene las hormonas revolucionadas, cree que el mundo es una mierda y que no vale para nada. Mi hermano tiene 13 años y se cree igual de sabio que todos nos hemos creído a los 13 años. Y esa sabiduría es la misma que puede tener una piedra sobre el conocimiento del vuelo de un pájaro.

La tarde del Miércoles no paso nada grave, simplemente que mi hermano y unos amigos salieron a rodar una película de zombies para la clase de plástica en el Instituto. (Lo de los zombies era elección suya, pero yo me siento muy orgullosa de que hayan elegido esa temática. Tenía que decirlo.) Pero no pudieron rodar más que una escena porque una pandilla empezó a molestarlos y le lanzaron piedras, una de las cuáles alcanzó al ojo de uno de los amigos de mi hermano. Algunos compañeros del grupo, entre ellos, mi hermano, acompañaron al chico malherido a su casa y estuvieron un rato con él intentando tranquilizarle y curarle la herida. Pero les dieron las nueve de la noche, y no habían avisado de nada.

Hasta aquí la historia no tiene más problema que el de la pedrada en el ojo y de que no avisaron de que iban a llegar un poco más tarde. Pero la cosa se complica cuando al llegar mi hermano, tras contarnos lo que había pasado, le confiesa a mi madre que no tendría que haber dicho nada, que ya no iba a confiar más en ella si se enfadaba tanto. Mi hermano no entendía que el enfado de mi madre era simple y pura preocupación exagerada (o no, no lo se) de madre.

Lo dicho, que con 13 años, todos nos creemos muy listos. Para muestra un botón.

Mi hermano enfadado y llorando me pidió que hablase con él un rato, que me necesitaba.
Me sentí aturdida. Mi hermano nunca me había pedido ayuda, siempre estaba metiéndose conmigo y poniéndome en evidencia delante de mis padres, pero ahora... necesitaba mi ayuda.
No sabía ni qué hacer ni qué decir, así que bueno, entre en su cuarto y me senté en el borde a los pies de la cama, mientras el se sentó en la punta contrario. Así, un poco alejados el uno del otro por lo extraño de la situación empezamos a hablar. Le di pistas de cómo iba a ser su estado anímico en los próximos años, que todo el mundo se sentía así, que por mucho que no le gustase, iba a pelearse con mamá y papá, y que además, iba a ser incluso menos de lo que yo había peleado, por ser el pequeño, y tener el camino ya más abierto de lo que yo lo tuve en su momento. No me entendía, y no me entenderá hasta que no pasen unos años, pero le recomendé que durmiera, que ahora no podía pensar con claridad, y aunque me costó, se metió en la cama, se desahogó un poco contándome cosas y se quedó dormido. Pero eso sí, no dejó que yo me fuera de su habitación hasta que no se quedase dormido. Decía que conmigo se sentía mejor, que estaba más tranquilo.

Cuando se quedó dormido, apagué la luz y me marché.
Realmente había sido una situación extraña, pero me imagino que este tipo de conversaciones a partir de ahora serán más frecuentes, y espero que lo sean, porque realmente son mas naturales que las que teníamos con anterioridad.

Es extraña. La vida. Los humanos. Las relaciones. Las cosas que pasan.

De un café en el centro, y del final de esta larga entrada...
El Jueves fue un día tranquilo. Pasé la mañana estudiando Historia de la Psicología y por la tarde cogí la bici y me fui al centro. Allí me encontré con Él y con uno de sus familiares, un primo suyo que ya es más amigo que "primo de".

Era agobiante la cantidad de gente que se concentró en el centro de la ciudad ese día, así que tras dejar la bici fuimos a pedir un café para llevar (¡está riquísimo con un toque de menta y chocolate!) y a sentarnos en un banco cercano a una fuente a hablar sobre muchas cosas y sobre ninguna, interesantes pero que a veces escapan de mi total conocimiento.

Fue una tarde agradable, tranquila, rodeada de gente, sintiéndome parte de un todo, perdida en un mar de historias, de vivencias, de recuerdos... de humanos. Y me sentí encantada por todos y cada uno de ellos, por sus vidas, pos sus alegrías y por sus desdichas, por su experiencias y formas de ser tan distintas.

Paseando con la bici de vuelta a casa, con la carretera vacía me di cuenta de que no soy tan misántropa ni solitaria como pensaba, que realmente me encanta estar rodeada de gente y aprender de todo lo que me puedan enseñar. Me encantan y me disgustan, pero sea como sea, son parte de mi obsesión intentar conocerlos y entenderlos.




#31 La relatividad del tiempo y el amor

Hay muchas entradas que he escrito en este blog que todos sabéis a qué persona especial va dirigida.
De la persona que más hablo en el blog es de Él, porque si bien conmigo han estado y siguen estando personas muy importantes que me conocen desde hace muchos años, Él, a pesar de que sólo ha estado conmigo algo más de un año, es una persona muy importante... y me ha enseñado cosas muy valiosas que nadie más podría enseñarme.

Pero creo que aún no sabéis por qué es tan importante... así que voy a pediros, a ti y a ti, lectores que no me conocen de nada y a los cuáles yo no conozco que respires hondo, te sientes tranquilo y leas lo que viene a continuación. Voy a intentar hacerte viajar por mis recuerdos, en especial unos que acaban de cumplir una semana de vida en mi mente y en mi sonrisa. Así que... mantén el corazón en calma y los ojos limpiros, haz tu equipaje para un par de días, no más, y entra en un pequeño coche blanco.

Empieza a atardecer en la ciudad origen, y atravesando puentes que te alejan del bullicio y la contaminación vas vislumbrando un cielo que empieza a jugar con tus sentidos como un niño hace con una paleta de acuarelas. Asombras, como yo lo estaba, cogerás tu cámara fotográfica, y sin hacer mucho ruido, para no distraer al pequeño niño pintar sonreirás al cielo, y como yo, cerrarás los ojos, sentirás el movimiento casi imperceptible de la velocidad y te sentirás amado o amada por el Universo.

En el recuerdo que pretendo mostraros, mi Universo se encontraba a treinta centímetros y veintiséis milímetros, y pude susurrarle al oído cuanto le amaba y cuán feliz me sentía al irnos lejos de todo y de todos.

Justo cuando la noche nos devoró en su negritud, Él y yo llegamos a un pueblo fantasma, en el que se sucedieron miradas, sonrisas, paseos, bromas, caricias, y...(me encantan los "y...").
Y abrazados en un sofá, abrigados por las mantas y los abrazos ambos compartíamos a través de una pequeña pantalla risas (y yo también lágrimas, de felicidad).

Pero la noche acabó diciéndonos que ella necesitaba algo de cariño y de calor, que la Luna se enfriaba y nos necesitaba a nosotros para hacerla un poco más cálida en esa fría noche de un Otoño en Diciembre, y nosotros, obedientes, quemamos el frío.

Pasa una cosa curiosa cuando dos personas consiguen quemar el frío y es que el tiempo se hace muy relativo. Así la mañana, con su sencillo desayuno y el caminar entre las hojas la mañana se acurrucó en el cajón de las especias para dar paso a una tarde maravillosa, donde un lecho fue creciendo de tamaño y nosotros nos hacíamos cada vez más pequeños, más diminutos el uno con el otro, más unido tu tú con mi yo...

Y el pequeño travieso de las acuarelas quiso regalarnos una de sus últimas creaciones para dar lugar a grandes conversaciones en la oscuridad, hablando de cosas que ni entendíamos pero que nos hacían sentir la grandeza de lo que nos rodeaba y la cercanía del otro.

Realmente, lo que pretendo enseñaros con este recuerdo de felicidad es que realmente, el tiempo es muy relativo: puedes haber pasado sólo un par de días con una persona, que los días posteriores sin ella se te harán interminables. Puede parecer en ese caso, que el tiempo que estuviste con esa persona no existía el tiempo ni el espacio, que sólo estábais los dos.
Lo que pretendo deciros, es que si eso os pasa, habréis encontrado a vuestro compañero o compañera.

Si habéis experimentado esa sensación no dudéis en recordarle a esa persona lo importante que es para vosotros.

Así pues... Él... 
Chema... muchas gracias por ser mi compañero, contigo el camino se hace más fácil y merece la pena continuarlo, viviendo y creando historias y recuerdos. 
Te Quiero.

domingo, 20 de noviembre de 2011

#30 También se dice "I love you"

I'm studying English in a Academy near of my house, but I know too that I don't speak very well, so... hablaré en español ;)

No voy a haceros leer una entrada en inglés (aunque todo llegará), pero si me gustaría hablaros de una experiencia que viví hace dos semanas. Deseaba escribir esta entrada desde hace mucho tiempo, pero como ya sabéis no puedo escribir tanto como me gustaría.

El caso es que mi academia de Inglés, en la que llevo ya dos años, organizó una excursión a Gibraltar, ese pequeño terreno montañoso Inglés, que se encuentra unido a España y a medio camino entre Europa y África, un pequeño curioso que ha podido ver desde una posición privilegiada increíbles tormentas que destruían y hundían barcos e importantes batallas. Bañado por el contraste de las aguas del Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico y habitado por personas que acostumbran a hablarte tanto en Inglés como en Español.

Muy ilusionada, no dudé en apuntarme a tal excursión y Él me acompañó en esta pequeña cruzada. A mi hasta no hace mucho, no me gustaba nada hablar en Inglés, a pesar de que casi toda la música está en dicho idioma y de que recientemente acostumbro a ver series en versión original subtitulada. Es cierto que mi dominio del idioma ha avanzado mucho en poco tiempo, sobretodo en el tema conversacional, pues en el instituto a lo único que nos dedicábamos mis compañeros y yo era a aprender la gramática, aunque con escaso énfasis en el vocabulario (muy al contrario que mis profesoras de francés, que siempre potenciaron "la langue", "la grammaire" y "le vocabulaire").

La excursión fue un Sábado, y tuvimos que madrugar mucho para recorre en un viaje en bus todo el camino de tres horas que separaba Sevilla del peculiar peñón. Fue un viaje agradable, pero con Él siempre lo es. Y a mi, aunque parezca extraño, me gustan los viajes en autobús. Me he recorrido casi toda España en autobús y ya le he cogido un cierto cariño a este medio de transporte.

A eso de las diez y media de la mañana llegamos a nuestro destino, y con mucho frío y viento comenzamos a adentrarnos en Gibraltar atravesando a pie ¡un aeropuerto!. No sabíamos muy bien hacia dónde ir, a´si que preguntamos a la primera señora, de otros muchos gibraltareños a los que preguntaríamos a lo largo del día. De todos, pude hablar con sólo uno en Inglés, ya que el resto me respondía en Español claro y peninsular (como es lógico y normal).

Esta entrada es importante, porque no realzaré la belleza y pequeñez del lugar o que los monos no son tan agresivos pero si un tanto exhibicionistas, si no que es importante porque ha hecho germinar en mí una semilla con acento inglés.

Ese día pude compartir mis horas con un grupo de personas procedentes de Gales, Francia, Alemania, Londres o Irák que hablaban en Inglés durante casi todo el día. Pude hablar en inglés durante horas, y sentir que entendía lo que me decían y que ellos me entendían a mí. Pude almorzar en un típico pub inglés el famoso "fish and chips", que está delicioso, y manejar las libras en un supermercado en el que compré dos botellas de Dr Pepper y un par de chocolatinas, o montarme en la segunda planta de un autobús color rojo y hablar sobre cámaras lomográficas, y enterarme de curiosidades de otros lugares que no conocía.

Esta entrada es sumamente importante porque cambió un pensamiento: yo nunca tuve especial interés en ir a alguna ciudad del Reino Unido, como por ejemplo Londres, y sin embargo, ahora, me muero de ganas de ir.
No se que es ni por qué, pero desde ese día hay algo dentro de mí que me dice que quiere más de lo que viví, y mucho más real y más Inglés, más auténtico.

Estuve dándole vueltas un par de días, y finalmente, decidí fijar el destino aún no fijado para le viaje del próximo Verano. Hablé con Él, y aunque en principio, compartíamos la misma idea de que no teníamos interés en ir hacia aquellas zonas del archipiélago Inglés, creo que puedo decir que, el verano que viene, estaremos en Londres.

Quiero descubrirla. A la ciudad, al idioma, a la cultura y a su gente. Quizás me pase como cuando visité París, que hasta ese día no me había llamado la atención y sin embargo, siento que parte de mi se quedó en la segunda planta de la Torre Eiffel o en el barco por el que navegué por el Sena, y no estaré tranquila hasta que no vuelva y lo recupere... o lo deje totalmente allí...

Así pues, el Verano que viene visitaremos Londres.


domingo, 30 de octubre de 2011

#29 Un, dos, tres, responda otra vez

Cosas que he hecho en este mes, un, dos tres, responda otra vez:

Celebrar que llevábamos un año juntos Él y yo, hacer muchas fotos con la Diana Mini, ir a ver el Circo del Sol (un sueño de niña cumplido) y maravillarme con Corteo, ir a ver El Árbol de la Vida al Cine Cervantes (proyecto de principios de Verano conseguido), celebrar el cumpleaños de una amiga con una barbacoa, ver a mucha gente que no veía en tan sólo una semana, comenzar las clases sin estrés, comprarme una bicicleta (otro sueño de niña cumplido), ir a cenar a un restaurante Indio con mi mejor amiga (proyecto que llevaba en pie desde Enero), pedir a la radio una canción con dedicatoria y que la pongan (otro deseo cumplido), comprarme un corset (por fin me decidí y encontré uno que me gustaba mucho; este era un deseo de adolescencia), comenzar las clases de Inglés, cambiar la mentalidad (me encuentro mucho más positiva y calmada), relacionarme más con gente con la que antes no lo hacía, conseguir asistir al concierto de unos amigos y que sea un éxito, conocer a personas a las que deseaba desde hace mucho tiempo conocer, teñirme de pelirroja (esto en realidad lo hice a principios de Septiembre), reanudar la investigación y conseguir que nos reunamos una vez por semana... y disfrutar de cada día :)

Pero hay una cosa que no he hecho, y es actualizar el blog :(

miércoles, 14 de septiembre de 2011

#28 Crónica de un apagón

Se ha ido la luz en mi casa. Bueno, en mi casa es quedarse corto, pues al asomarme a la ventana de mi habitación compruebo que se ha ido en toda mi zona. La carretera (una de las arterias más importantes de mi ciudad) está completamente a oscuras, desde todas las terrazas y bares ha comenzado a irse la gente y no se ve absolutamente nada en 2 ó 3 kilómetros a la redonda, salvo unos edificios alejados que si disponen de la moderna electricidad.

Por tanto, cuándo leáis esto será solo una copia de un archivo de Word en el que volqué por primera vez estas palabras que estáis leyendo y que vais a leer a continuación.

Llevamos cerca de una hora sin luz, y mi habitación está iluminada gracias a un gran número de pequeñas velitas repartidas por cada rincón o saliente. Y bueno, gracias a que fui un poco previsora, aún dispongo de bastante batería en el portátil y eso es lo que está iluminando también gran parte de la instancia.

Estaba tumbada en mi habitación, sin mucho que hacer, simplemente observando el cielo que pocas veces se ve sin que sea contaminado por la luz de las ciudad cuando, inevitablemente en esta situación te viene a la cabeza la pregunta de “¿Cómo podían vivir antes sin electricidad?” (He tenido que acercarme al teclado para poder ver los signos de interrogación. Creo que encenderé algunas velas más.) (…) (Ya está)

Lo primero es que seguro, segurísimo conversaban mucho más por las noches. No me refiero sólo a la familia, que es la parte del entramado social que más beneficiado se veía por la falta de electricidad, sino también a los amigos o los enamorados.

A la luz de las velas, no se pueden hacer muchas salvo cenar, tocar algo de música si no necesitas ver en muchas ocasiones qué tecla estás pulsando o cuerda presionando.

(Una prueba de que se conversaría más, es que mi madre acaba de entrar en la habitación a… pues eso, a charlar. Ahora está asomada en la ventana, hablando de lo triste que es verlo todo tan oscuro, sin que nadie pueda ver la cara de la otra persona).

Otra de las cosas que sin duda se vería claramente favorecida sería toda aquella temática creativa e imaginativa. Sinceramente, no hay nada mejor que un ambiente parecido en el que estoy inmersa ahora misma para crear una novela de terror que haga temblar hasta al más varonil o crear una maravillosa historia de amor o fantasía, de intrigas y asesinatos. Nada como las sombras que crea la luz del fuego como para dejar a la imaginación ser libre.

Eso siento yo ahora. Siento que empieza a entrelazarse una historia con otra, y que las ganas de escribir aumentan cada vez más.

Todo este sentimiento lo debieron sentir los románticas al crear sus obras de arte, al reflejarse en la luz de una Luna pura, y contarle sus temores, sus tristezas y sus alegrías a la noche, para que al llegar el día todos los secretos quedasen enterrados en la cera ahora inmóvil de los candiles y con el sentimiento de la noche anterior volverlos a reavivar cuando el Sol volviera a esconderse.

Los sueños son para la noche, por eso los soñadores se encuentran más a gusto en ella. Por eso en los días grises que ocultan el Sol, los románticos y bohemios creen esperanzados que la noche aún no se fue, que su oscuridad sólo se aclaró, y que durará muchas horas más, ofreciéndoles quizás sonidos y aromas de tormentas que les hagan vibrar y sonreír de un júbilo profundo y sincero.

En aquellas épocas en las que no se contaba con electricidad, la luz tenue también daría paso, según mi mente un poco antigua, a un erotismo y una sensualidad distinta a la que ahora disfrutamos.

En mi mente, en las alcobas de camas robustas, dos o más amantes obviaban lo obsceno y estrictamente explícito de nuestros tiempos para dar paso al juego refinado, a las miradas sugerentes, y claro, como no, a prendas bellas que la tenue luz dotaba de un colorido diferente a todo el que podía llegar a imaginarse. El calor de dos cuerpos se fundía con el de las velas hasta que éstas se consumían.

El miedo también sería más profundo sin electricidad, es obvio. Creo que todos o la mayoría de las personas se sienten molestas en sitios que carecen de total iluminación. No saber dónde está la salida, qué camino seguir, quién es el que está a tu lado o dónde estás tú mismo te hace temblar y correr hacia ningún lugar, empezar a hablar en voz alta, quizás a gritos, con la esperanza de que alguien te saque de ese estado de aparente quietud.

No estamos hechos para vivir en la oscuridad, nuestra vida se desarrolla en la luz. Nuestro mundo está lleno de la vida que la luz concede, y así mismo nuestro espíritu racional, que se volvería completamente demente sin ella.

Nuestros ojos empezarían a enfermar hasta que su actividad desapareciese por completo. Nuestro cuerpo dejaría de absorber correctamente las vitaminas que nos proporcionan los alimentos, y desesperados, sin saber qué hacer moriríamos sin haber encontrado la solución tan sencilla que nos da la luz. A pesar todo, a mí, que de vez en cuando haya apagones así me gusta, me vuelve, o mejor dicho, deja escapar esa parte de mí romántica y mística, esa parte que me gusta tanto y que a otros puede llegar a inquietar.

Espero, sin embargo, que la luz vuelva pronto, pues esta sensación puede no ser compartida por la mayoría de las personas, que pueden verse envueltas en una cierta angustia, y hacer también que no puedan llevarse a cabo muchas tareas importantes. Es irremediable, vivimos en una sociedad que ha aprendido a necesitar la electricidad como el agua que alimenta sus células.

Es un avance para muchas cosas toda innovación… pero quizás no para todas.

Esto es lo que ha sido mi pequeña crónica o reflexión de un apagón, que comenzó alrededor de las nueve y media de la noche de un 14 de Septiembre de 2011, y que aún ahora, siendo las once, sigue en pie y sin vistas de que esta situación vaya a cambiar.

[Edito: la luz volvió a las once y media de esa misma noche]

lunes, 5 de septiembre de 2011

#27 Septiembre

¡Wau! Vuelvo a Blogger y me encuentro que le han cambiado la interfaz. Me mola mucho más así, está todo más ordenadito, más modernito... más como lo tenía y creo que lo sigue teniendo Wordpress...

Bueno, ya en serio, en mi ausencia he tenido tiempo para pensar, para estar en silencio (porque he estado mucho tiempo en silencio, sin pretenderlo), para leer mucho y para tomar el Sol (aunque mi piel a penas se hecho eco de ese asunto... es muy suya) y por tanto he tenido tiempo para volver a encontrarme, a reconocer el camino que antes seguía y que por una u otra cosa (la mayoría buenas, a decir verdad) he estado distraída de lo que en un principio quería hacer.

Cuando vovlví de mi "retiro" tenía muchas ganas de hacer todas esas cosas que había planeado al saludarme a mi misma otra vez, al abrazarme, y por tanto, durante la semana a mi regreso estuve muy excitada y entusiasmada con poner en marcha esos planes que tenía desde hacía mucho tiempo.

Confeccioné listas interminables de los libros que quería adquirir, ya fuese en librerías o bibliotecas, y ya estaba mirando nuevos planes de la ONG en la que participaba o nuevas organizaciones en las que poder participar, o buscando academia de baile para pasar las tardes y hacer algo que me relajase un poco y me hiciera salir de cualquier pensamiento.

Pensé muchas cosas, pero como siempre me pasa, por una cosa o por otra, no hago casi ninguna (decidme que no soy la única, por favor), ya sea por pereza o porque alguien sensato que de causalidad pasa por tu lado te avisa de que el que mucho abarca, poco aprieta. Y claro, una que es cabezona no le hace caso, y se cree Superwoman afirmando que podrá con todo y más, hasta que la Conciencia llega (porque siempre llega) y te dice con cariño "Cielo, que ya nos conocemos", y tú claro, le haces caso, y empiezas a valorar de nuevo todos los planes, a plantearte cuántos de esos libros vas a leer realmente, a cuántas clases de danza vas a asistir y a cuánta gente podrás llegar a ayudar realmente.

Lo cierto es que leo, antes leía más, pero en este Verano, tras una racha de libros que empezaba y no terminaba, por fin conseguí leerme tres libros seguidos en dos semanas. Por fin vuelvo a tener ese hambre de lectura voraz que tenía hace un par de años.
También es cierto, que me gusta mucho estar en fregaos de tipo ONGs u organizaciones o grupos en los que peuda estar ayudando un poco, pero casi siempre lo dejo al verme superada por asuntos más personales y menos sociales. Cosa que me da mucha rabia, por cierto.
Y bailar, buenos, pues me encanta bailar, aunque ni se me de bien, ni sepa. Y aunque tampoco me guste ir a discotecas (aunque luego baile las canciones discotequeras que ponen en cualquier fiesta de amigos). El caos es que cuando aprendo un baile, se me olvida al poco tiempo. Yo soy de bailar a mi aire, según surge la cosa, y aunque me gustarías saber bailar bien salsa o una simple sevillana, lo cierto es que no soy muy ducha en esos temas.

Por suerte, siempre está Él a mi lado para decirme cosas como que no me preocupe, que cuando acabemos los exámenes saldremos a pasear para que le cuente todo eso que me tiene inquieta y decidamos, juntos, qué hacer. Es inevitable que sonría y que a veces me entren ganas de llorar de felicidad cuando me dice cosas tan sencillas como ésta. Porque cuando tienes muchos amigos, les llamas para decirles "Oye, me gustaría hablar contigo" o "Te importaría darme tu opinión", pero Él no espera a que yo se lo diga, Él me lo dice a mi, y eso... eso vale mucho para mí :)
Además, ¡Él se ha animado a que aprendamos salsa los dos juntos de forma autodidacta! Con eso me refiero, a intentar bailar como lo hacen en algunos vídeos en el salón de su casa n.n

Estoy de vuelta, porque esas cosas son típicas de Septiembre. Un mes muy bonito, a decir verdad.
Es como el verdadero Enero, en el sentido de que sí que se comienzan muchas cosas nuevas, como el curso o quizás un trabajo nuevo, en una ciudad nueva... no lo se. Cad auno tiene su historia, y Septiembre siempre se agita para que todo vaya a veces un poco rápido.

Espero que os vayan bien los exámenes y todos los planes que queráis comenzar en este curso =)

jueves, 4 de agosto de 2011

#26 De ignorancia, intolerancia y cosas que no sabíais de mí

Cuando sientes que eres distinto (como muchos otros humanos de este mundo, porque no es un sentimiento propio, sino muy común) intentas buscar cosas que te diferencien verdaderamente del resto. Algunos necesitan esforzarse mucho, muchísimo, por salir del rebaño, por trazar su propio camino y pensar de forma autónoma. Otros lo tienen más fácil, por que no se esfuerzan en ser diferentes, simple y realmente, ellos lo son en cada gesto, cada pensamiento y cada sueño que tienen. Son diferentes, pero no se esfuerzan por serlo. Yo, personalmente, me llevo mejor con este segundo grupo que con el primero. Pero con el grupo, o mejor, con los grupos (porque ya no se si hay solo uno o varios grupos distintos que intentan diferenciarse entre sí sin conseguirlo) que siempre, pero absolutamente todos los días de su existencia, hacen las mismas cosas que el resto y que por supuesto, piensan igual, es que simplemente no los aguanto. Puedo convivir con ellos durante un tiempo, pero muy limitado, y a penas hablo de nada, porque... ¿de qué hablaría? ¿de lo mismo de siempre?

Hay gente ignorante, que quiere remediar esta enfermedad y otros que viven felices en ella. Respeto ambas opciones, aunque sea más partidaria de la primera, pero cuando esa ignorancia se usa para dañar a personas que ciertamente no conocen realmente el respeto decidió marcharse hace tiempo.

Ultimamente me encuentro que en la mayoría de las redes sociales, los más aclamados, mencionados y seguidos por la masa son aquellas personas que crean la revolución (pero no la sana), el cotilleo sin sustancia, la provocación, los insultos gratuitos (aunque ninguno está pagado nunca), la creencia de la posesión de la verdad absoluta y sobretodo (y desgraciadamente), la ignorancia.

Hoy sin ir más duda, en una red social que frecuento demasiado a veces, como es Twitter, descubrí en uno de los tweets de uno de los chicos de mi TimeLine un link hacia un blog y una pequeña frase de su cosecha propia que me llamó mucho la atención por su parte de ironía, humor y alarma al mismo tiempo. Por su puesto, no diré el nombre de la chica, pues como ya os habréis dado cuenta, nunca menciono a nadie por su nombre propio en el blog. Es un privilegio demasiado grande como para jugar con ellos en Internet (ya me arriesgo mucho con algunas pequeñas fotos...).

Y no la nombraré porque además esta chica es un buen representante de toda esa gente ignorante que juzga sin conocer, sin informarse, o lo que es peor, informándose mal. Esta chica, y este incidente que quizás se ha agrandaod mucho en la red, me ha servido para escribir una entrada sobre algo que siempre he querido decir.

Siempre he contado con gente ignorante o temerosa a mi alrededor. Amigos, compañeros, profesores, familiares o desconocidos eventuales con los que todos nos cruzamos alguna vez (por error).

Y aunque me haya quejado de ellos de forma oral en pequeñas charlas de amigos o en casa, nunca he dicho nada aquí y hoy sencillamente, me apetecía hacerlo.

Tuve una época en la que sólo me vestía de negro, y que en el instituto era la "gótica" o la "punky". Que mi madre me miraba raro al ver mi ropa cuando salía de casa. Que mi padre a veces no se fiaba mucho. Que me encantan las frikadas, aunque sin excesos (mis frikadas). Que me encanta el cine de terror y que aunque ahora vista de colores, y esa época más oscura haya pasado, dentro de mí sigue estando toda esa estética y sentimientos. Porque me siento igual o más atraída por el movimiento gótico que antes incluso. Yo no soy gótica, pero me gusta el movimiento.

Quizás esto a mucha gente le sorprenda, porque mi apariencia y mi forma de ser pueden ser, para mucha gente, contraria a los estereotipos sociales. Ni los góticos son unos tristes, ni están obsesionados con los vampiros y por supuesto los gustos musicales de cada chico o de cada chica que se autoconsidere gótico son radicalmente distintos. A algunos puede gustarle más el heavy metal, el j-pop o el j-rock, el rock clásico, el folk, el punk, incluso la música electro o el rap. A algunos les gustan las novelas históricas, a otros las románticas o las de terror, las realistas, las sociales, o cualquier otro género literario. Ser gótico o no serlo es cuestión de un sentimiento, si bien es cierto que son reconocidos por unos gustos estándares, aunque no todos los cumplan.

Yo, que dejé mi época de salidas por los sitios de quedadas de las distintas tribus o grupos urbanos atrás, que mis ropas son más coloridas, que soy más coqueta, e incluso un poco más alegre y optimista que en aquellos 15 o 17 años, me sigo sintiendo gótica en muchos sentidos. En mis gustos artísticos, literarios, cinematográficos, musicales e intelectuales se ve en mi una tendencia a esa corriente urbana. Yo lo adapto a mi manero, lo personalizo, y por eso para mí es especial.

Hay dos acepciones distintas del término gótico: una de ellas la corriente cultural, sobretodo artística y arquitectónica que surgió en los últimos siglos de la Edad Media hasta la implantación del Renacimiento, y otra, bien distinta, referida al movmiento subcultural nacido en Reino Unido en la década de los años 80s,  y que como el movimiento hippie o el punk han tenido un fuerte impacto en la sociedad en múltiples y variados aspectos de ésta.

Pero como todo movimiento urbano con unas ideas distintas a las de la corriente anterior ha sufrido fuertes críticas (algunas merecidas, otras no) y también de ella se han conseguido grandes cosas.

En algunas personas, la exteriorización de las subculturas a las que pertenecen ayuda mucho a su expresión, y esta tendencia puede mantenerse durante toda la vida como otra forma de expresión. En otras en cambio, la exteriorización directa desaparece, aunque se mantenga el sentimiento, y para aquel tercer grupo que, como dije al principio, piensa igual que la gran masa, puede que se interesen durante un tiempo por determinado estilo o cultura, pero que éste sea un interés superficial y pasajero, pasando así a otro tipo de corriente que se encuentre de moda en ese momento.

Lo que si es cierto, es que todos, aunque a veces a algunos les entren dudas, venimos del mismo sitio, de las entrañas, y vamos a ir al mismo sitio, bajo tierra. (No quiero parece triste, es que es así.  A ver si ahora...)
Con esto solo digo, que todo el mundo puede criticar, que la crítica es constructiva, siempre que se haga con educación y sobretodo, con información fiable, porque la Wikipedia está muy bien, pero no es 100% fiable (¡ni mucho menos!).

Se otorga el honor de exegir respeto cuando se concede.
Y aunque esa chica haya hablado demasiado sobre cosas que no puede llegar a comprender, en Internet, como no,  se le está dando una importancia que no debería, llegando a insultarse entre sí personas que no se conocen.

Podría hacer una pequeña conclusión diciendo que si bien para erradicar la ignorancia en muchos aspectos aún queda un largo camino, no debemos tomarnos a la tremenda comentarios de gente que no te conoce. Los disgustos te los llevas tú, por una cosa absurda al fin y al cabo. Me sorprende mucho la rapidez con la que la llama de histeria generalizada se propaga por Internet. Me alarma y me preocupa pensar cómo nos ofendemos mucho más porque critiquen una cultura urbana que por otros sucesos de mayor relevancia mundial o nacional, o incuso local.

Nuestra jerarquía de prioridades se ha invertido, y nos vemos enfurecidos por nimiedades que quedarán en el olvido en unos pocos días, y obviamos problemas de importancia real.

El caos del mundo real se asemeja cada vez más al del cibernético y el multimedia.
Teníamos la oportunidad de hacer algo distinto y estamos repitiendo los mismos errores una y otra vez.

Es la primera o la segunda vez que me hago eco de sucesos en Internet. Creo que cada vez más tomo una especia de "conciencia bloggera" y tiene un sabor agridulce.

miércoles, 3 de agosto de 2011

#25 In your bag


He visto en muchas redes sociales y sitios en los que la gente comparte fotografías, ya sea Facebook, Tumblr, DeviantArt o Wehearit muchas fotos así como esta que yo misma he hecho. No soy de copiar. Más que "no ser", no "me sale" hacer lo que todo el mundo hace de forma consciente. Pero lo de este tipo de fotos es distinto.

Soy muy curiosa, eso ya lo sabéis los que me léis y los que me conozcáis en persona mucho más. Y ver muchas de éstas fotos me hace imaginar cómo puede ser esa persona, qué considera ella importante en su día a día, qué le puede gustar más o menos, incluso su forma de ver las cosas. Yo que sé. ¡Por imaginar! :D

Así que dejo que imaginéis vosotros también acerca de las cosas que normalmente, casi siempre llevo en el bolso o esa mochila, que es la única que tengo para salir. Porque sí, incluso para la Universidad llevo un bolso grande para llevar los cuadernos y los libros. Soy de esas... (o de aquellas).

jueves, 21 de julio de 2011

#24 Dreams of loneliness


Now here I go again, I see the crystal visions
I keep my visions to myself
It's only me
Who wants to wrap around your dreams and...
Have you any dreams you'd like to sell?
Dreams of loneliness...

miércoles, 20 de julio de 2011

#23 Under your breath


Nunca olvido lo que fui.
Me ayuda a apreciar lo que soy.
Nunca olvido lo que sigo siendo.

lunes, 18 de julio de 2011

#22 Julio acelerado




Ya ha pasado la primera quincena de Julio, la primera quincena del Verano, los primeros quince días de libertad, y por ahora, está siendo un Verano enorme.

Empecé muy bien, con una cena por cortesía de Él para celebrar el fin de exámenes en un restaurante italiano que nos gusta mucho, con compañía de unos amigos, y acabamos en la terraza de unos Centros Comerciales tirados en una gran cama blanca y de mimbre. Ese fin de semana me quedaba un poco sola, porque Él se iba a la playa, pero aproveché para ir de excursión con muchos amigos (creo que éramos unos trece u catorce, incluida Niara, una perra preciosa) a la Sierra de Sevilla. Allí fuimos por unas horas protagonistas de una nueva versión de Perdidos, y no cesaron las risas, las bromas y las caídas... Tras un día de Sierra le siguió otro de Parque de Atracciones con la familia en Isla Mágica, y así comenzaba una semana un poco solitaria en la que volví a reencontrarme con muchos amigos a los que hacía mucho tiempo que no veía, y conocí a gentecilla nueva, por fin subí a las famosas Setas de la Encarnación y pude contemplar las bellas vistas que ofrecía, y pasear por la ciudad, acompañada de un buen amigo al que siempre echo de menos. Celebramos el cumpleaños de otro buen amigo en el parque, y tuve tiempo para dibujar, leer, tocar la guitarra y ponerme al día con muchas series e iniciar otras nuevas. Pero aunque lo pasé bien esa semana, tenía muchas ganas de estar en la playa con Él, así que un Viernes por la mañana cogí un autobús y me planté en su pisito, para pasar una muy buena semana de playa, piscina y largos paseos, de silencios en la playa por la noche y de buenos momentosl. Tuve la gran oportunidad de aficionarme a la rica cerveza Grimbergen y de probar algunos cócteles muy ricos. Pasó la semana y volvimos a Sevilla, pero por poco tiempo, ya que ese mismo Sábado nos esperaba un genial y divertido concierto de ZZ Top en Córdoba, en el que nos acompañaron algunos amigos.

Han sido días ajetreados, muy divertidos, pero hoy necesitaba tomarme un día de descanso, de hacer poco o nada, de decir que estoy muy contenta, muy tranquila, aunque un poco acelerada a la vez. Las cosas van bien, quiero creer que es así. Está siendo un buen Verano y aún queda mucho por delante.
Queda volver a reencontrarme con la pareja irlandesa, celebrar alguna que otra fiesta, pasar días en el campo, y otros en Granada con la familia. Quedan muchos días... y sólo ellos saben lo que me traerán...

¡Espero que estéis teniendo un gran Verano!

martes, 28 de junio de 2011

#21 Imperfecciones

Me gustan las imperfecciones. Pero ¿sabéis qué? Que no me había dado cuenta hasta hace muy poco.
Es curioso, pero la vida está llena de imperfecciones maravillosas que hacen que sea lo que es, que para cada persona tome un matiz distinto.

Quizás el hecho de ser muy perfeccionista desde siempre, de querer lo máximo, sobresalir (sin llamar la atención), intentar ser la mejor en algo que se que puedo serlo me haya llevado a estar en un estaod de continua tensión y quizás, muchas veces, muy triste y preocupada en exceso.

No soy perfecta. Ni yo ni nadie, y hay gente mejor y peor que todos. Es una observación evidente, pero que recuerdo aquí para decir que el camino están en hacer perfecto el camino. Eso no significa que tenga que ser el mejor ni el peor, sino que simplemente vivas lo que tengas que vivir.

Es Verano y las clases han acabado definitivamente, y por supuesto la temporada de exámenes. He sacado buenas notas en general, no pensaba adapatarme tan bien a la Universidad, y aunque sea que el próximo curso estaré incluso más tranquila, no ha estado tan mal. Quizás, como nuevo estreno de estudios universitarios, en Septiembre también voy a vivir algo nuevo, que siempre me ha aterrado vivir, y que luchaba por evitar que ese día llegara. Pero aquí estoy. Lo cierto es que al principio no estaba muy bien, pero bueno, siempre hay una primera vez para todo, y esto ya no es el instituto. No lo puedo conseguir todo en esta vida. Ni yo ni nadie, pero es un hecho, que para mi, que siempre he sacado buenas notas y mi media no bajaba del ocho y medioes bastante duro. ¡Si sólo suspendí un exámen en el instituto, imagináos lo que es para mi esto!
A parte de etso queda lo bueno, como el resto de notas, en las que hay sobresalientes y matrículas de honor, y todo lo que he aprendido, que ha sido muchísimo.

Recuerdo como el profesor de Psicología Social hacía bromas con un humor muy negro, y como la de Aprendizaje parecía que hablaba en chino. Lo embobadas que estábamos todas las chicas con el profesor de Psicobiología, y lo agradable que era la profesora de Metodología. Lo pasota y quizás un poco creído que era el profesor de Memoria, Atención y Percecpión (que era el mismo para todas esas) que ahora disfrutará de una estancia en Estados Unidos; lo humana y hippie que era mi profesora de Motivación y Emoción, que nos ha hecho reír y llorar como niños; lo revolucionario que era nuestro profesor iraní de Datos, la peculiar forma de dar las clases del profesor de Psicología de los Grupos, y el aspecto y trato casi militar del profesor de Sistémica.

Han pasado muchas cosas en este primer año de facultad (aunque yo me haya quedado con las enormes ganas de diseccionar un cerebro de cordero). En este año he tenido tiempo de estar con mis compañeros, de intentar conocerlos, y de estar sola, merendando en los bancos de la entrada, acompañada de un pequeño gato y negro que siempre estaba allí cuando iba a descansar de todo.  He aprendido mucho, y fe de ello son las dos enormes cajas de apuntes que he recopilado. Por no hablar de los libros y las fotocopias.

Ha sido un año duro, pero he aprendido mucho, no sólo conceptos teóricos o que me servirán en un futuro profesional, sino también como persona. He notado un cambio a la hora de percibirme a mí misma y a los que me rodean.

Me siento más humana, dentro de una compleja red de historias, pensamientos, emociones, ideas que van y vienen, que evolucionan, que se desarrollan. Yo ya sbaía que tenía que tomarme las cosas con más calma, que debía valorar las cosas tal y como son, pero no conocía hasta qué punto eso era necesario. Soy de esas personas que creen que todo pasa por un motivo, y que debe usarse en beneficio, como una enseñanza, como una posibilidad para autosuperarse y aprender. Tengo que volverme más niña, más serena, más natural... sin dejar de ser yo misma, claro, si no se perdería toda la gracia de mis muchas... imperfecciones.

Porque son esas pequeñas manías, aquellas que no hacen daño a nadie, ni a ti mismo ni al resto, las que te hacen ser distinto, o como algunas niñas quinceañeras dirían, "especiales".

Creo que el Verano también es una muy buena época para seguir aprendiendo, para seguir formándote en cosas que no te enseñan en los libros de texto ni en las clases magistrales. Tiempo para aprender y hacer muchas cosas, algunas insignificantes y otras no tanto.

Tengo que ver a toda esa gente a la que le he dicho "en veranito nos vemos, que entonces si tendré tiempo", y así volver  a ver a todas esas personas que hace mucho tiempo que no veo y a las que hecho de menos. Tengo que leer más, e ir más al cine, sobretodo tengo que ir al Cine Cervantes, y ponerme al día con muchas series, y dibujar. Intentar tocar más la guitarra, aunque me deje las llemas de los dedos en ella. Seguir aprendiendo a patinar, y coger el coche más a menudo, que desde que me saqué el carnét no lo he cogido a penas. Tengo que tomarme al menos un día 'forever alone', o dos, o tres... Y salir a pasear por el centro, por algunos parques, por el río... como hacía antes. También tengo que aprender fotografía con la futura Diana, que eso si será una aventura que tengo muchas ganas de iniciar. En Verano tengo que escribir más, tanto en el blog como en papel. Hacer visitas turísticas por mi ciudad y los pueblos cercanos. ¡Y hacer tortitas! ¡Y volver a tomarme ese batido de arándonos del verano pasado! Por supuesto, tengo que coger un poco de color, porque a este paso me cambiarán el nombre por el del fantasma de Canterville. ¡Y ver a los ZZ Top en Córdoba! Y pasar una noche entera durmiendo en el campo sobre un colchón. Y aprender a cocinar un poco. En definitiva... a vivir un poco de esta vida de pseudorelax que trae el Verano intentando no morir de calor.

¡Este Verano toca aprender de la vida! Toca darme cuenta de que el mundo no se acaba de un día para otro, que siempre hay algo peor y algo mejor, de que el camino consiste en hacer el camino, en luchar, en sonreír y llorar, en gritar, sola o acompañada... aunque siempre es mejor acompañada... de ti.

sábado, 18 de junio de 2011

#20 "Thought of You" by Rian Woodward


Y en el fluir y venir de las relaciones humanas, la complejidad, la magia y la intensidad se mezclan en una danza perfecta.

miércoles, 8 de junio de 2011

#19 Dícese de una entrada llamada "Sincera"

La pasada mañana de Sábado, mientras limpiaba y ordenaba mi habitación antes de ponerme a estudiar (cosa que debería estar haciendo ahora...), al abrir el armario decidí echar una ojeada a la enorme caja llena de recuerdos que llevo aumentando poco a poco desde que tenía diez años. Ahora, a mis diecinueve años, todo se ve muy distinto. Vi cajitas con recuerdos de algunos chicos, cartas de mis compañeras de clase y de mis amigos, recuerdos de viajes, campamentos, fiestas, y otras celebraciones, fotografías con amigas, la mayoría de mis agendas, que en el instituto me ayudaban a desahogarme y escapar un poco, a plasmar pensamientos y más recuerdos. Vi muchos de mis diarios, la mayoría de ellos, todos, menos los dos que compartí con unas compañeras de clase cuando tenía ocho y nueve años. Pero desde los diez, guardo todos los diarios y cuadernos que he ido escribiendo a lo largo de este tiempo. Sonreí al leer algunas ocurrencias y dibujos míos del pasado.

Volví a meterlo todo de nuevo en esa enorme caja rosa, y cogí una pequeña caja de bombones redonda en la que estaba guardando todos los recuerdos desde hace ocho meses. Cogí esa pequeñita caja al no poder seguir acumulando cosas en la anterior, y empecé a guardar todos esos pequeños recuerdos: entradas de cine, tarjetas de restaurantes, las gafas de un disfraz, regalos simbólicos, el envoltorio de un paquete de semillas que me regalaron y sembré, entradas de los conciertos y eventos a los que he asistido durante este año a día de hoy, incluso tickets de metro de algunas ciudades. Esta cajita es considerablemente más pequeñita, pero sin embargo, todos esos pequeños recuerdos me hacen sonreír de una forma mucho más destacada que los que están guardados en la enorme caja color rosa chillón.

Hace poco también recuperé algunos escritos que personas importantes en el pasado me regalaron o dedicaron y ahora mismo escucho un listado de canciones que poco a poco personas han ido haciéndolas especiales.

Me siento rodeada de recuerdos del pasado...

Y me gusta. Me gusta tener cosas que para el resto del mundo son insignificantes pero que para mí valen más que todas las riquezas reconocidas socialmente importantes de este mundo. Pero...

Creo que inicié una nueva fase de mi vida hace ya algunos meses y creo que es hora de escribir también sobre mi presente.

Y necesito crear nuevos recuerdos, dejar de dormir entre la melancolía y la morriña, dejar de pensar tanto en qué es lo que hice, cómo y con quién y realmente destacar todo aquello que está marcado por un "ahora".
Necesito un cambio, de esos radicales, que van desde dentro hacia afuera, por convicción y necesidad propia, por puro placer y porque... ya es hora.

Hace unas semanas, en un taller de la Universidad dedicado a las emociones negativas estuvimos tratando el tema de la ira. Yo soy una personas muy participativa en las clases, quizás demasiado, que casi siempre intenta colaborar en preguntas, repsuestas o aportando ideas o sugerencias. Pero ese día... permanecí callada casi toda la hora. Hablaron sobre cómo a las mujeres nos cuenta mucho más expresar nuestra rabia debido a las imposiciones sociales y culturales, de cómo nuestros seres queridos, con la mejor intención, intentan evitar su expresión y por tanto, hacer que la contengamos, junto con todas sus consecuencias negativas físicas, psíquicas y sociales. Hablaron también de la educación familair en el hogar, que debía fomentar la expresión de todo tipo de emociones en un entorno seguro, y así ir regulando el manejo de éstas, haciendo ver que la expresión de la rabia, el miedo o la tristeza no son signos ante el resto de personas ajenas a nosotros de debilidad, sino de autoconocimiento emocional. En ese momento, y aunque en mi garganta se había formado un denso nudo, tuve que hablar y confesar que yo nunca había contado con ese espacio y que precisamente me habían enseñado desde muy pequeña que no debía mostrar mis emociones en público. Tuve que dejar de hablar... pues si no, iba a romper a llorar. ¿Me habían forzado a aniquilar la expresión de mis emociones durante tanto tiempo? ¿En serio?

Hace unos días le comentaba a mi chico que tengo que dejar de tomarme las cosas tan en serio, que tengo que relajarme un poco más para así poder disfrutar de los que me rodean: familia, amigos, él... y sobretodo, disfrutar de mi misma.

Este mismo fin de semana, rodeados de gente y de luces, me encontré hablando con algunos amigos acerca del autoestima, de la estabilidad emocional, de nuestras opiniones sobre diversos temas personales, y me dio mucho que pensar.  Me dio que pensar en que si estábamos tan disgustados con algunas parte de nosotros, si éramos conscientes de que muchos de los problemas no radican en el otro sino en uno mismo, la llave para poder abrir la puerta para acceder a una vida emocional y personal mejor es mucho más fácil de conseguir que si pensamos que la culpa la tiene el otro, el ajeno, el externo a nosotros, a nuestros pensamientos y concepciones sobre el mundo.

Ayer una compañera destacó una manía mía que no me gusta en absoluto pero que ante mis nervios es una vía muy útil de escape aunque dañina. El que ella se diera cuenta y se percatara de esa manía me hizo sentir avergonzada, y fue la gota que colmó el vaso lleno del agua que necesita refrescarme por dentro y por fuera.
En el mismo día, y tras asistir a una tutoría con un profesor de la facultad para resolver algunas dudas de su materia, al despedimr me aconsejó, mirándome a los ojos y en tono preocupado, que por favor me relajase, que le daba la impresión de que era una chica que tendía asobrevalorar mucho las cosas y que eso no es bueno para mi; que debería valorar las cosas en su justa medida, tal y como son, para así poder disfrutarlas más. Baje la cabeza, también un poco avergonzada. Tenía razón.

Siempre me había escusado con que yo era así y siempre lo había sido, que era muy difícil cambiar eso, pero es que... no me ayudan ciertos aspectos de mi misma, y mi madurez también debería verse reflejada en la toma de buenas decisiones. Así que espero, poder conseguir mis objetivos marcados, y aunque se que será una tarea dura, quiero esforzarme y poder contar con la ayuda de los que me rodean de regular algunos tipos de comportamientos o pensamiento.

Durante una semana completa han pasado muchas cosas que a modo de indicaciones llenas de luces fluorescentes acompañadas con sonidos llamativos llamaban mi atención para parar este ritmo de vida emocional que llevo.

No estoy diciendo con todo esto, que la culpa de todo la tengo yo, pero si que está en mi el modo de llevar cada asunto vital y la forma de solucionarlo en mayor o menor medida. Y así, ante una de las conclusiones, como es la de que no debemos empezar por cambiarnos a nosotros mismos antes de cambiar a los demás, espero tomarme (después de los exámenes) largo tiempo para reflexionar, organizar mis ideas, buscar soluciones a problemas y seguir cultivando algunas cualidades ya existentes.

Se acerca el Verano, y quizás puede que la luz del Sol de calor a algunas formas de ver la vida, de quererse a una misma y a los demás y que así puedan crecer más fuerte. Espero que el Verano traiga el calor y rompa los fríos y antiguos esquemas con los que llevo viviendo demasiado tiempo.

Tiempo en el cuál, cada vez me voy dando cuenta, que la educación que he recibido, tanto en el colegio como en mi casa, no ha sido la adecuada. Mis tutores, tanto profesores como mis padres me han ayudado a encauzar mi camino de una forma adecuada ( o eso creo) en términos académicos, pero han obviado aspectos muy importantes sobre la inteligencia emocional y social, que ahora... debo aprender y hacer míos.

Un tipo especial de escuela creo que se abre ante mi... y espero poder aprobar todas sus asignaturas, que en comparación, son mucho más díficiles de superar que las de calculadora, lápiz y papel.
Inconscientemente... he estado redactando mi inscripción en esta escuela durante muchísimos años... tantos como los años que cuento con la capacidad de leer y escribir.

Ahora que lo pienso no he dejado de escribir desde que tenía siete u ocho años. Siempre he escrito en cuadernitos, en diarios, en blogs... Siempre he sentido la necesidad de dejar libres muchas emociones, pensamientos, sensaciones, vivencias... Ya que me estraba casi prohibido mostrarlas públicamente...

Me he hecho daño, sin ser totalmente consciente, durante mucho tiempo. A mi y quizás a muchos de los que han estado conmigo. Pero por fin me he dado cuenta de las cosas que debo cambiar, las cosas que debo mantener y otras... que quiero alcanzar. quieor crear nuevos recuerdos, y sonreír ante todos y cada uno de ellos en el futuro. Quiero amar esta vida tal y como es, sin esperar más ni menos.

domingo, 22 de mayo de 2011

#18 Él y sus cosas

Él y sus cosas, sus cosas y Él.
Lo quiero tanto.

#17 Mi primer voto

¿Sabéis? Me gustaría saber más de política. Y de historia. Y de filosofía. Y de economía incluso.
Me gustaría encontrar las palabras adecuadas para expresar de manera correcta y muy formal todo lo que está viviendo mi país y las personas que necesita que lo dirijan.
Me gusta leer, e informarme, y conocer la opinión del resto de personas, de las que piensan como yo, pero sobretodo de aquellas que no lo hacen.
Me gustaría poder decirle a esos políticos y dirigentes todo eso que muchos de mis compañeros ya están diciendo, pero me creo con la posesión de tantos recursos.

Hoy es 22 de Mayo, y a media mañana fui a votar a las urnas que están ubicadas en un pequeño instituto que hay justo debajo de mi casa. Ha sido la primera vez que he ejercido mi derecho al voto, ya que antes no podía legalmente al no poseer la mayoría de edad. Y nunca me imaginé que la primera vez que votase sería en un contexto tan agitado y con tanta carga de mensajes de revolución y de cambio, precedida por una semana de acampadas pacíficas, manifestaciones, noticias en periódicos de todo el mundo con la palabra 'España' en muchos idiomas distintos.

La situación no está bien: hay injusticia, tasa de paro desmedida, corrupción, mala distribución de presupuestos, derroches desmedidos, medidas en muchos ámbitos inadecuas que hacen que la mayor parte de nosotros estemos tristes al hablar de esta situación precaria.

Hace falta leer más, vencer prejuicios, informarse, dejar apagada la televisión de forma indefinida, pensar de forma autónoma y crítica, hablar con personas de posturas opuestas con un ánimo de escucha, de entendimiento, de comparar ideas, de no cerrarse en banda a esos datos que cada corriente política intenta hacer creer a sus seguidores.

Debemos aprender de todos, salir, como hemos salido esta semana a la calle y conocernos todos. Hablar con todos, gritar, reír, pensar, de forma unida, como si fuésemos un pueblo. Y hace justo una semana, en un #15M, algo que en mi mente parecía una maravillosa utopía comenzó a hacerse realidad. Pasó de la etereidad de unas ideas de un niño que quiere ver felices a todo el mundo a una realidad que nos ha convertido en miembros de un único pueblo: el de la libertad, la democracia y la justicia.





Hoy he ido a votar, pero mi situación, como la de creo muchos de mi generación, no es fácil cuando en tu propio hogar vive el bipartidismo y nosotros apoyamos alternativas distintas, buscamos no un triunfo total de un partido u otro, buscamos una cooperación amena e interactiva de diversas posturas. Buscamos discusión crítica, evolución y cambio, dejar de seguir creyendo que vivimos tanto en la II República como en el Franquismo. Simplemente queremos crear algo nuevo.
Es complicado, como digo, para gente como yo, hablar de política en un hogar en el que la figura masculina se muestra abiertamente seguidor de una corriente fascista y una figura femenina que pasa las tardes frente a un televisor y cree (como es normal) a aquellos que afirman con un tono de voz alto y autoritario que su postura es la mejor.

Yo no discuto, no intento a convencer a nadie, ni en mi casa ni fuera de ella, tan solo expreso mis ideas, que a decir verdad, no son compartidas plenamente por ningún partido político. No me considero de izquierdas, ni de derechas, roja, gris o verde. Solamente me considero una persona que quiere más verdad en la política, en el pueblo, en nuestros representantes (que no amos, idea que muchos políticos tienen grabada a fuego en las manos que firman y dirigen sin conocimiento alguno).

Es difícil también para gente que intenta que le tengan respeto, que quiere ejercer su voto de forma anónima y se encuentra con aquellas personas que le insisten que eso es una tontería, que se encuentra con mesas repletas de candidaturas fuera de las cabinas acortinadas, que se encuentra con gente que vota simplemente al que cree que va a conseguir el triunfo electoral. Es difícil este día para gente como yo.

A veces me siento confusa, por tantas cosas que dicen unos y dicen otros, pero me basta cerrar los ojos, pensar en lo que necesita mi pueblo, que es un gran cambio, pensar en cómo se han unido para luchar por un futuro mejor...

(Vía @HerreraStrike)

... y siento la mente clara y serena. 
Y justo eso me pasó esta mañana, mis padres no paraban de decir muchas cosas, pero yo intentaba pensar ocn claridad. Debo confesar que no fue fácil.
A mi casa sólo han llegado tres cartas de programas electorales. Sólo tres de los muchos que hay. La gente estaba confusa en el colegio electoral, y ya hemos podido comprobar muchos de nosotros la gran cantidad de irregularidades que se han acontecido sólo durante la mañana.

Sólo nos queda ver hacia dónde nos ha conducido todo esto...

Necesitaba escribir un poco sobre esta semana, sobre este día, porque me afecta a nivel personal y a nivel social. Hablar yo también, mostrar mi pequeña opinión, y confesar que realmente, quiero aprender mucho más sobre todo esto: política, economía, filosofía, historia... ser humano.


miércoles, 27 de abril de 2011

#16 De naranjas y libélulas

Mientras escribo esta entrada escucho a Ludovico Einaudi. Dicen de su música que es ambiental, para meditar y a menudo introspectiva. Y hoy quiero hablaros de esa parte de mi, que últimamente sale demasiado a la luz.

Siempre me han gustado las pequeñas cosas, y he disfrutado de cada una de ellas. Celebro cualquier mínimo gesto, palabra, acción con efusividad. Nunca me he dejado convencer con explicaciones fáciles o simples, que intentan evadir la auténtica raíz y causa de todo. Siempre me he sentido muy unida a los que de verdad he querido, y en consecuencia, muy dolida por sus posibles faltas conmigo.

No aguanto las mentiras, la falta de respeto, la prepotencia ni la pedantería. No suelo aguantar mucho tiempo al lado de una persona superficial. No soporto el egoísmo, la intolerancia y la falta total de empatía, la ignorancia consentida, la violencia y la injusticia.

Lo cierto es que, por una cosa o por otra, siempre he disfrutado más de compañías con historias curiosas y sinceras que contar, sin peliculeos ni nada por el estilo. Siempre me ha gustado estar rodeada de gente que valora la vida tal como es, que sabe lo malo y lo bueno que tiene, y que se queda con esto último. Conozco y he conocido personas con pasados (y en ocasiones presentes) tristes o dramáticos, y otras que han sido siempre muy felices, que han podido ver muchas cosas. De todas ellas he intentado e intento aprender algo bueno.

Cuando digo que me gusta coleccionar historias curiosas no es una mera forma de hablar, es que realmente busco a aquellas personas cuyas vidas puedan enseñarme.

Pero hoy... hoy he aprendido de mi propia historia, de mi misma.

Imaginaos esta situación:

"Es el año 2050 y la Tierra ha sido devastada por diversos ataques nucleares. Sólo existen cuatro refugios en todo el mundo, y tú, junto a otras doce personas, con las que has convivido y trabajado codo con codo durante siete meses, habéis llegado al único refugio que existe en 2000 Km a la redonda, pero sólo cuatro personas pueden entrar. Tenéis diez minutos previos para decidir, las características fundamentales que deben tener esas cuatro personas. Posteriormente, cada uno, empleará tan sólo 30 segundos para justificar por qué debe o no entrar en el refugio frente al resto de compañeros. El tiempo corre, y las decisiones han de tomarse con rapidez y la cabeza fría. Las emociones no cuentan. El riesgo de muerte inminente y de exterminio de la raza humana por completo es cada vez más acusado. Algunos deciden de forma sincera que no son la mejor opción para entrar en el refugio, que otros, que consideran mejores que ellos, deberían entrar. Otros se muestran insensibles y ríen, mostrándose seguros de que ellos serán la mejor opción para el futuro de la humanidad y que entrarán. El resto se muestra confuso y desorientado, y en ellos se produce el encuentro de numerosas sensaciones. Os informan de que el tiempo apremia, que debéis elegir a los cuatro que se salvarán. Cada uno de los miembros coge cuatro frágiles ramitas del suelo y... las repartirá, uno por uno, a todo aquel que considere apto para salvarse, diciéndole y mirándole a los ojos "tú entras" y de la misma forma, acercarse uno por uno a cada compañero que no ha elegido y decirle "tú no entras". Algunos comienzan a llorar desesperados y otros empiezan a reír por puro nerviosismo. Finalmente, se descubren cuáles son los cuatro elegidos y muy lentamente andan hacia la puerta de entrada del refugio. Tú, te has quedado fuera. En ese momento te comunican que no toda la información te ha sido dada, y que, dentro del refugio, están todos tus seres queridos y los de tus compañeros, tanto de los que entran, como de los que no. De repente se te viene el mundo encima. No sólo vas a morir de una forma horrible, si no que además lo vas a hacer solo, casi sin haber luchado por ello, llevando el sufrimiento de tu pérdida a los que le importas. Desesperado, gritas entre lágrimas y casi sin voz a tus antiguos cuatro compañeros, que si van a salvarse, le hagan llegar un último mensaje a tu madre, a tu pareja, a tu mejor amigo... La puerta del refugio se abre, y tus compañeros entran y tú, te quedas solo, esperando la muerte, con la sensación de no haber luchado casi nada por ello"


Quizás os he pedido demasiado al intentar que os imagináseis esta situación, pues realmente es muy complicado leer un pequeño fragmento a vivirlo.
No es el año 2050 ni la Tierra está siendo devastada por ataques nucleares, ni mucho menos, y yo no he estado en una situación tan extreman nunca, pero en la sesión de Taller Vivencial de hoy, en un juego de psicodrama, la situación en la que nos hemos tenido que ver inmersos ha sido esta misma. Han sido dos horas duras, en las que un simple juego de ficción ha ido evolucionando poco a poco hasta meterse en tu mente, y llegar a recrear, en mi caso, mi mayor pesadilla: quedarme completamente sola. Hasta la cuarta fase del juego, en la que me dijeron que todos mis seres queridos estaban dentro, solo creía que era un simple juego, pero a raíz de conocer ese dato, todo cambió. Estaban recreando mi pesadilla, y de una forma horrible, porque además, no podía despertar de ella, no esta vez. Se que sólo eran mi imaginación y mis creencias en el juego en aquel momento, pero era tan intenso que no pude reprimirme más y lo solté todo en un mar de lágrimas. Si hubiera sabido eso, habría luchado con uñas y dientes por salvarme a mí, no lo hubiera considera tan siquiera un simple juego, porque no concibo considerar ese tipo de cosas ni en broma si quiera. Realmente, en mi mente, no fue la historia la que se hizo real, si no la sensación de soledad, de vacío, de impotencia, de frustración, de tristeza, de miedo, de desesperación al fin y al cabo.

Cuando acabó el juego, tuvimos que volver a la realidad muy lentamente con otras técnicas, pero de esa experiencia tan intensa solo puedo decir, que el sentimiento de agradecimiento a todos los que quiero y me quieren es ahora mucho más intenso.

A veces me gustaría ser como esas personas que he dicho no puedo soportar. Viven, a mi parecer, más despreocupadas por los sentimientos ajenos, por la realidad de otros y de la suya misma, viven quizás solos con ellos mismos, pero al menos, eso podría llegar a darles en algunos momentos, más tranquilidad y autosatisfacción.

Pero cuando pienso en frío y me miro a mi misma, no en el espejo, sino con los ojos cerrados, desde dentro, veo que ese deseo es el de alguien que busca un camino fácil... y a mi nunca me han gustado esos caminos.

Vivo la vida con intensidad, tanto los buenos momentos como los malos, y me dejo llevar por mis sensaciones, las saludo y las dejo acomodarse dentro de mí, para que me hagan sentir humana cada día. Escucho e intento que me escuchen. Me gusta hablar, quizás demasiado, y reírme sola o en compañía, con mucha fuerza y de forma sincera. Me gustan hasta mis enfados absurdos, y otros que no lo son tanto, y de ellos sale esa fuerza que a veces intento que no me controle. Pido perdón cuando la ocasión y la persona lo merecen sin mucho esfuerzo, es una necesidad vital hacerlo cuando sé que no he hecho algo bien. Puede parecer egoísta, pero me quedo más tranquila. Así como también me deja más serena hablar con aquella persona con la que pueda tener un problema, sin importarme que ella no quiera escucharme o solucionar las cosas; me gusta intentarlo. A veces no aguanto a personas que tienen mis mismos defectos, y me alegro al mismo tiempo que me sorprendo con aquellas personas que tienen mis mismas virtudes. Me gusta bailar sola, y aún más desnuda,en mi habitación, cuando no hay nadie en casa, cuando simplemente estoy eufórica, y gritar y saltar como una loca. Sueño demasiado, y a veces creo en expectativas muy altas. Me asusta perder a las personas que más quiero, creo que es mi mayor temor, junto con el de hacerles daño. Tengo cambios de humor repentinos, y a veces hablo con brusquedad, como también puedo hacerlo de forma muy animada y amistosa. Cuando quiero estar sola, no aguanto la compañía de nadie excepto la del silencio. Me encanta abrazar a mis amigos cuando se que van a recibir bien mis abrazos, pero a penas saludo con besos o similares al resto de personas. A veces soy demasiado empática, y ver el dolor ajeno puede hacerme sufrir y volverme callada durante horas o días, al igual que me lleno de felicidad y alegría cuando la gente que me rodea tiene de verdad esos sentimientos.

Como esa libélula de alas frágiles pero que las mueve muy fuertemente, para ascender cada vez más y más alto, yo hago conmigo y mis emociones, que me ayudan a vivir la vida como es, para saborearla en todas sus facetas, para sentir que cada "tic-tac" del reloj ha merecido la pena.

Me gusta sacarle el jugo a todo en esta vida, aunque haya naranjas dulces y naranjas amargas, porque me aferro a ella con fuerza, y pase lo que pase, los buenos momentos que te da compensan todo lo demás.
A veces ser tan reflexiva, mostrarme tan pensativa y silenciosa a veces, vivir cada momento con total intensidad, sentir mis emociones sin temor y poder expresarlas abiertamente incomode a algunos. Y si es el caso: yo no tengo encadenado a nadie a mi lado, puede irse cuando quiera y ser feliz con otras personas =)

Al resto: sois unos valientes y me encanta(ría) vivir la vida con vosotros como el Sol: con luz, intensidad y nuevas energías cada mañana (...y dándonos calorcito del "güeno")